Destroy all art

En estos múltiples de Ben Vautier, presentados en 1965 se conjuga el formato de la instrucción, propio de Fluxus, con la idea de desintegración total de la obra de arte con el nihilismo.

Esquema para un poema

Dan Graham, Poem schema,1966

La desmaterialización de las obras de arte visual muchas veces adopta la forma de obras basadas en texto. El Esquema para un poema, de Dan Graham, por ejemplo, presenta una serie de elementos a ser contenidos en un supuesto poema a ser publicado en diferentes medios gráficos. En cada uno de estos lugares, deberá ser finalmente el criterio y la elección del editor el que dé su forma final al poema. La obra consiste exclusivamente en información metatextual.

Blancos y silencios


Al igual que en Mallarmé el blanco de la página se volvía significativo y la obra se estructuraba en la relación entre los blancos y el negro de las palabras, para John Cage la música se estructuraba en base a sonidos y silencios. Cada uno de ellos requiere del otro para existir. El silencio, sin embargo no es concebido aquí como una nada o la ausencia de sonido sino, en todo caso, como la ausencia de una intensión o “propósito sonoro”. Cage denuncia la tradicional jerarquía donde música o sonido son los principales y el silencio lo secundario, el mero fondo. Paradigmática es, al respecto, su pieza 4´33´´, en la que el músico nos propone tomar conciencia del silencio y sus propiedades.
Pero la idea de “vacío” se presenta en Cage no sólo como el silencio en las composiciones sonoras. También ha trabajado esta noción en sus textos, en libros como, por ejemplo, Silence o Empty words. En su Lecture on nothing, por ejemplo, influida por el cubismo literario de Gertrude Stein, el texto se constituye como una composición absolutamente referencial y cerrada donde cada sección empieza con la siguiente frase: “Esta es una conferencia sobre una composición indeterminada respecto de su performance…”

Mallarmé y los blancos

La voluntad de alcanzar el “absoluto” lleva a Mallarmé a minar el sentido convencional de las palabras. Enfrentando la propia imposibilidad del lenguaje de dar cuenta de este Absoluto, el poeta recurre, en cambio, a la voz del silencio. Para Mallarmé, sólo el silencio habla. Es así cómo en el Coup de dés vemos al espacio blanco de la página cobrar significación y afectar a las palabras impresas que son circundadas por el mismo al punto de amenazarlas con borrarlas o tragarlas.

Los blancos, del Coup de dés no son meros espacios muertos entre las palabras impresas sino materialidades significativas que determinan la posición, composición y relaciones entre las mismas.

Salto al vacío

Las poéticas de la desmaterialización también se rastrean en obras como Le Saut dans le vide, de Yves Klein. La misma consistía en una fotografía trucada que presentaba al mismo artista abriendo sus brazos y lanzándose a la calle desde una ventana. Esta fotografía aparecía impresa en el “journal du dimanche” del 27 de noviembre de 1960. Su pie de imagen rezaba: “el pintor del espacio se arroja al vacío”. El motivo del vacío, principio fundamental en la estética de Klein, se manifiesta en su obra de diferentes maneras: mediante la utilización del matiz azul IKB, mediante monocromos o sinfonías silenciosas.

 

Telarañas, aire, ideas

Corrientes estéticas como el conceptualismo, en su énfasis de la idea sobre la materialidad de la obra, apuntan a la desmaterialización. Así, esta pueden rastrearse en obras como Una milla de hilo, realizada por Marcel Duchamp en Nueva York, en 1942, para la exposición First Papers of Surrealism, comisariada por él mismo y por André Breton, con motivo de la llegada de varios artistas ligadas a este movimiento que escapaban de la guerra en Europa. La obra consistía en una instalación de hilos que envolvían y atravesaban el espacio como telarañas, impidiendo de hecho el paso del público y que este pudiera contemplar el resto de las piezas expuestas. También, por ejemplo, en Aire de París, una ampolla de vidrio de farmacia repleta de nada, es decir, de “aire de París”, regalada por Duchamp a Walter Arensberg a manera de un ready-made.

Escritura y silencio

La canción nocturna del pez, Christian Morgenstern, 1924

La escritura determina la puesta en silencio de la palabra. Pero además, el silencio en la escritura se ha manifestado como desconfianza y también como rebeldía contra el lenguaje. Lo decible y lo indecible. La poesía ha luchado desde siempre por decir lo indecible y encontrar imágenes para el vacío y el silencio. La nada se presenta como fuerza productora de un sentido pleno al que no tienen acceso las palabras.

Poéticas de la indeterminación

32 Morceaux d'eau, Jorge Macchi, 1999

Así como las vanguardias históricas habían estado fuertemente influenciadas por la teoría de la relatividad (conocidas son las relaciones entre Einstein y el cubismo, por ejemplo) las neovanguardias y el posmodernismo lo estuvieron por las incertidumbres de la física cuántica. A lo largo del siglo XX, las llamadas “poéticas de la indeterminación” se rastrean en estéticas tan diferentes como las de Marcel Duchamp, Jackson Pollock, Yves Klein, John Cage, el grupo Fluxus, etcétera. Mientras que para la modernidad los signos eran siempre referenciales y remitían a una instancia fuera de ellos, a una realidad concreta del mundo, mientras que se celebraba al sustantivo por sobre el verbo y se concebía al discurso como siempre consciente, neutro, no contradictorio y perteneciente a una lógica lineal, deductiva y en donde primaba como instancia última el determinismo, la certeza, la causalidad, para la posmodernidad los signos poseen significados en constante flujo, autónomos y no referenciales sino autorreferenciales. El conocimiento siempre será parcial y fragmentado, con muchas verdades y puntos de vista, con paradojas e incertezas.

El arte y la poesía en épocas de incertidumbre

Mientras que la ciencia occidental desde Newton creía que había descifrado todas las grandes constantes físicas del Universo, a comienzos del siglo XX, el modelo de indefinición e incertidumbre planteado por la física cuántica pulverizaba las certidumbres de la física moderna. En la primera década del siglo, Einstein planteaba la teoría de la relatividad. Ya no existía un marco homogéneo y definitivo de espacio-tiempo, tal como lo planteaba la física newtoniana. En el año 1926, esta recibió su golpe de gracia al formular Werner Heisenberg su Principio de Incertidumbre. Este establecía un límite a las certezas que un observador podía tener respecto de la posición y velocidad de las partículas subatómicas y, por ende, de todo lo conocido. El principio de incertidumbre, desarrollado por Heisenberg, nos dice que es imposible conocer simultáneamente la posición y el momentum de una partícula (por ejemplo, de un electrón) con precisión. Dice que cuanto más precisa sea la medición de una, menos precisa será la medición del otro. Esto implica dos cosas: el comportamiento de las partículas subatómicas es impredecible y el rol del observador ya no puede separarse de lo observado.

Contrariamente a la física clásica, según la física cuántica la descripción de los fenómenos es siempre necesariamente incompleta. Así, a partir de este cambio de paradigma epistemológico, el principio de incertidumbre predice probabilidades en situaciones en las que la física clásica predecía certezas. El principio de incertidumbre posee claras implicaciones filosóficas que implican un rechazo hacia el modelo newtoniano de conocimiento y que subrayan una forma de saber contingente y parcial. Este principio tuvo fuerte impacto en, por ejemplo, Derrida, Foucault y otros pensadores del postestructuralismo. La dispersión del signo, por ejemplo, constituye para Derrida un fértil proceso de generación de sentidos. La verdad sólo existe en un hipotético y continuo punto de fuga. Al principio de incertidumbre se asocian las nociones de lo inclasificable, la inestabilidad semántica, la inverificabilidad, la ambigüedad, la ambivalencia, la impredictibilidad, la pluralidad contra el monopolio, la universalidad y el totalitarismo. Se trata de una llamada a abandonar un centro privilegiado de referencia y a enfatizar la importancia de términos como el vacío, el silencio, la aleatoriedad. Estas ideas están muy próximas, por ejemplo, a pensamientos orientales como el zen, en donde la mente es entrenada para sobrepasar el dualismo entre ser-no ser. En ellas el vacío no es un estado inerte sino un estado de posibilidad.  Mientras que para la física clásica: el vacío era considerado como pasivo, sin fuerza y sin movimiento, para la física no newtoniana el vacío se constituye como una fuerza dinámica y en movimiento.