La desaparición de la letra E

En La Disparition, de 1969, George Perec, otro miembro del Oulipo, construye su texto a partir de palabras que excluyen la letra e. Esta ausencia lipogramática, además de un juego significante, se convierte en el verdadero enigma a resolver en el texto. Es la letra faltante la que se convierte en el crimen no enunciado a develar por el lector.

Cien mil millones de poemas

Los miembros del Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle) se constituyeron en la década del 60 en especialistas en construir “máquinas literarias”. Un texto oulipiano paradigmático será, por ejemplo, Cent mille milliards de poèmes, de Raymond Queneau. Su propuesta permite que cada lector componga, a voluntad, cien mil millones de sonetos siendo todos ellos perfectamente correctos a nivel de su estructura. Queneau presenta diez sonetos de catorce versos cada uno. Los versos pueden intercambiarse entre sí al estar presentados en tiras de papel individuales. El lector puede combinar 10 14 veces sus sonetos, convirtiéndose así la obra en una verdadera máquina de fabricar poemas.

Los “doublets” de Lewis Carroll

Las reglas de este rompecabezas, ideado por Lewis Carroll en 1879, son simples: se proponen dos palabras con el mismo número de letras. El juego consiste en ir cambiando las diferentes letras de la primera palabra, una a una, hasta llegar a formar una segunda palabra.

HEAD

HEAL

TEAL

TELL

TALL

TAIL

MORE

LORE

LOSE

LOSS

LESS

Mecanismos y combinatorias: constricción y aleatoriedad

Los juegos combinatorios con letras y palabras, utilizados por la literatura desde la antigüedad, podían entenderse de dos diferentes maneras: o bien como formas de criptografía, cuyo origen tuvo sin duda lugar en escrituras sagradas (y para leer las cuales hacía falta estar iniciado y poseer un código de acceso al texto), o bien como simples divertimentos formales más o menos virtuosos según los casos. Las combinatorias se realizaban de acuerdo a dos principios básicos: las producidas por algoritmos predeterminados y las producidas por el azar.

En anagramas, lipogramas, artificios “pangramáticos”, “versos de cabo roto” o cualquier otra posibilidad de recombinación de letras, palabras o frases, el valor referencial es aniquilado en provecho del “solo juego estructural del valor”. Se suprimen así los referenciales de producción, significación, efecto, sustancia, historia y prevalece en cambio el otro estadio de la relatividad, la conmutación y la combinatoria. La idea de cortar la palabra en pedazos para recombinarla se presenta como metáfora de un acto sacrificial en el cual un sacerdote desmiembra a su víctima. A través del desmembramiento anagramático de un nombre, el escritor juega con el lenguaje e imita simbólicamente un acto mágico. Los lingüistas han señalado como el anagrama poético salta por encima de las dos leyes fundamentales de la palabra humana, proclamadas por Saussure: la del vínculo codificado entre el significado y el significante y la de la linealidad de los significantes.

Por su parte, muchas poéticas que utilizaron al azar y lo aleatorio en sus producciones consideraban a este no sólo como un elemento que podía provocar disturbios en una estructura más o menos estable sino como un elemento que ponía de relieve la imposibilidad del ser humano de controlar todas las variables de un sistema o, incluso, la imposibilidad misma de conocer la totalidad de una estructura. El azar, además, proporcionaba una excelente posibilidad para aquellos que buscaban escapar del control autorial y soñaban con una escritura liberada de su autor.