IP Poetry

El proyecto IP Poetry , desarrollado por Gustavo Romano a partir de 2004, se basa en la generación de poesía a partir de la búsqueda en tiempo real de material textual en la web. Robots conectados a Internet convierten los textos encontrados en sonidos de imágenes pregrabados de una boca humana recitando fonemas. Las diferentes instrucciones de búsqueda (por ejemplo, todas las frases que comiencen con las palabras “sueño que soy”) conformarán la estructura y el sentido de cada poema IP. Los Bots de IP Poetry declaman sus poesías con tono monocorde. Sus enunciados son paradójicos ya que combinan su tono vehemente y aplicado con el aparente sinsentido de sus frases. En esto se asemejan a ciertas poesías sonoras del dadaísmo que parodian tanto la exaltación castrense, como la “ecolalia” o mera repetición de palabras. Pero también se relacionarán con la poesía sonora dadaísta en la insistencia en la autonomía de los sonidos frente a los significados. Este hecho, denominado por algunos como “esquizofasia”, fue característico de las vanguardias históricas y también de las neovanguardias. IP Poetry se presenta como una máquina capaz de componer poemas aleatorios y luego recitarlos. Se trata de poetas robots que practican los poesía sonora, formato desarrollado en primera instancia por los futuristas rusos e italianos y por el dadaísmo y, a medida que avanzaba el siglo XX, por movimientos como el neodadaísmo y el grupo Fluxus.

Emmett Williams: del Ultimate Poem al IBM Poem (pasando por la Sinfonía alfabética)

Las experiencias combinatorias fueron practicadas desde diferentes estéticas por los poetas. Emmett Williams, por ejemplo, poeta al que se relacionaría luego con Fluxus, practicaba en la década del 50 combinatorias como la de The Ultimate Poem, realizado igualmente en base a instrucciones:

1-Elegir 26 palabras al azar.

2-Sustituirlas por las 26 letras del alfabeto.

3-Elegir otra palabra o frase para que se constituya como título del poema.

4-Sustituir las letras de esta palabra o frase por las correspondientes palabras del alfabeto de palabras.

Esta sustitución nos dará por resultado la primera línea del poema.

5-Repetir el paso 4 con la primera línea del poema.

6-Repetir con la segunda línea, etcétera.

Cabe señalar que este poema combinatorio tenía también una versión `performática en la que las palabras eran sustituidas no por letras sino por objetos. Para Williams, esta performance a la que denominó Sinfonía alfabética se constituía como el mismo poema que se salía de la página.

Cuando a finales de los 60 Williams empieza a experimentar con los medios digitales se le ocurre resucitar su vieja idea. En los nuevos medios ve una posibilidad concreta de trabajar operaciones de azar que podrían ser llevadas a cabo en forma relativamente simple por cualquier individuo que tuviese acceso a un ordenador. Como resultado de sus experimentos obtiene el IBM Poem. Este provee una estructura básica a partir de la cual cualquiera puede “generar” un poema. En la versión digital de The Ultimate Poem, el alfabeto de palabras que sustituirían a las letras de nuestro alfabeto fue determinado por la aleatoriedad generada por un programa de computación. El resultado de su primer IBM Poem fue:

A = money, B = up, C = idiots, D = sex, E = like, F = quivering, G = evil, H = old, I = red, J = zulus, K = ticklish, L = kool, M = going, N = black, O = jesus, P = hotdogs, Q = coming, R = perilous, S = action, T = virgins, U = yes, V = easy, W = fear, X = death, Y = naked, Z = white.

El título del poema, IBM Poem, da lugar a la primera sustitución, es decir I=red, B=up, M=going, o sea que nuestra primera línea del poema será Red up going. A su vez, cada una de estas letras dará lugar a las sustituciones subsiguientes.

Tape Mark 1

En este sentido, suele considerarse un segundo hito los trabajos del italiano Nanni Balestrini, quien produjo en Milán, en 1961, su obra Tape Mark 1 con la ayuda de una computadora IBM 7070. Tape Mark 1 se basaba en unidades de sentido tomadas de tres diferentes textos (el Diario de Hiroshima, de Michihito Hachiya, el Tao te king, de Lao Tsé y El misterio del ascensor, de Paul Goodwin) que se recombinaban entre sí según determinadas reglas métricas.

Los poemas estocásticos de Theo Lutz

Hacia finales de la década de 1950,  Theo Lutz, un estudiante de filosofía, matemáticas e informática en la Escuela Politécnica de Stuttgart tuvo una serie de conversaciones con Max Bense quien, a pesar de no haber trabajado jamás con computadoras, le propuso experimentar tomando un vocabulario compuesto de diferentes palabras (para el caso, las primeras cien palabras de El castillo de Kafka) y de programar con ellas frases cortas compuestas, por ejemplo, de sujeto, verbo y objeto. Las frases se construirían a partir de conectores lógicos como el de la negación, la coordinación, etcétera. A partir de estos experimentos, y dando cuenta de los mismos, el propio Lutz publica a fines del ’59 un artículo en Augenblick, la revista editada por Max Bense, titulado Textos estocásticos. Estos textos estocásticos son considerados hoy los primeros representantes de una fértil unión entre poesía e informática que se iría desarrollando en los años subsiguientes.

Generadores digitales de textos

Los ordenadores manipulan una serie de signos (repertorio) según una particular serie de reglas (gramática), determinada por las instrucciones contenidas en un determinado programa (algoritmo). Igualmente sucede con el lenguaje: un repertorio de letras, fonemas, morfemas, palabras, sintagmas, frases es combinado y recombinado de acuerdo con una serie de reglas (gramática) establecidas por un determinado programa (ideología). La similitud entre ambas instancias atrajo desde el comienzo a una serie de escritores, que vieron allí la posibilidad tanto de romper con los determinismos del lenguaje como de desubjetivar las producciones literarias. Si bien la literatura ya había experimentado largamente con procedimientos aleatorios, la aparición de los ordenadores permitió la incorporación de operaciones mucho más complejas que, por ejemplo, la mezcla de palabras en un sombrero.

La desaparición de la letra E

En La Disparition, de 1969, George Perec, otro miembro del Oulipo, construye su texto a partir de palabras que excluyen la letra e. Esta ausencia lipogramática, además de un juego significante, se convierte en el verdadero enigma a resolver en el texto. Es la letra faltante la que se convierte en el crimen no enunciado a develar por el lector.

Cien mil millones de poemas

Los miembros del Oulipo (Ouvroir de littérature potentielle) se constituyeron en la década del 60 en especialistas en construir “máquinas literarias”. Un texto oulipiano paradigmático será, por ejemplo, Cent mille milliards de poèmes, de Raymond Queneau. Su propuesta permite que cada lector componga, a voluntad, cien mil millones de sonetos siendo todos ellos perfectamente correctos a nivel de su estructura. Queneau presenta diez sonetos de catorce versos cada uno. Los versos pueden intercambiarse entre sí al estar presentados en tiras de papel individuales. El lector puede combinar 10 14 veces sus sonetos, convirtiéndose así la obra en una verdadera máquina de fabricar poemas.

El Rayuel-o-matic

En La vuelta al día en ochenta mundos, Julio Cortázar menciona una máquina para leer su novela Rayuela, supuestamente diseñada por un miembro del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. Cortázar presenta una serie de diagramas, proyectos y diseños para la misma, consistente en una suerte de mueble plagado de gavetas junto con una lista de instrucciones de uso.

El manual de instrucciones de Cortázar

Julio Cortázar escribe en 1969 su texto “Manual de instrucciones”, primera parte del libro Historias de cronopios y de famas.  Un manual es un texto prescriptivo dedicado a ordenar y regular algún tipo de acción. Remite a una serie de reglas preestablecidas que deben ser observadas. En el “Manual de instrucciones”, Cortázar establece una serie de preceptos que reglamentarán las acciones del destinatario: allí se establece, por ejemplo, cuáles serán las conductas adecuadas para tener miedo, para subir una escalera, para cantar, para darle cuerda a un reloj, etcétera como si el mismo cuerpo fuese un instrumento ajeno y extraño. En sus textos “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj” e “Instrucciones para dar cuerda a un reloj” el reloj se convierte en metáfora de la vida cotidiana, midiendo maquinalmente cada segundo de la misma. El reloj mantiene el ritmo social e impide que la misma se detenga. El reloj pertenece a la serie del “tiempo público” contrapuesto a un tiempo privado subjetivo. El reloj remite a la obligación y la homogeneización de las vivencias.

Pomelo

La artista Yoko Ono fue una de las primeras en trabajar la forma “instrucción”. En la famosa exhibición realizada en 1962 en el Sogetsu Art Center de Tokyo, presentó, en lugar de obras en un sentido tradicional, directamente una serie de instrucciones registradas en hojas de papel blanco. A partir de estas instrucciones, Ono publicaría luego su libro Grapefruit en 1964. Es de notar la interesante tensión que se produce en estos trabajos entre la concepción y la materialización de las obras. Grapefruit es considerado como una de las primeras obras de una artista visual llevadas a cabo en terreno exclusivamente lingüístico.