Tango con vacas

El libro Tango con vacas fue producido en Moscú, en 1914, por el poeta  Vasily Kamensky e ilustrado por David yVladimir Burliuk. Está impreso con una tirada de 300 ejemplares sobre papel de pared. Sus diseños de página poseen disposiciones espaciales absolutamente originales y se ha rechazado aquí toda gramática y sintaxis convencionales.

El libro futurista

En épocas de las vanguardias históricas, los escritores y artistas se dedicaron a explorar las potencialidades de los libros. Esta exploración fue especialmente importante de parte del futurismo tanto ruso como italiano. Tanto unos como otros produjeron libros de formatos no convencionales, realizados en soportes no convencionales y escritos de manera no convencional. Desde el futurismo ruso se produjeron una serie de libros litografiados, coloreados y escritos a mano y autopublicados. Algunos estaban realizados mediante procedimientos de impresión alternativa como ser sellos de goma, esténcils o mimeógrafos y recurriendo a toda clase de innovaciones tipográficas. Para leerlos, en ocasiones había que rotar las páginas debido a que los textos se extendían hacia todas direcciones. El futurismo italiano, por otra parte, nació muy ligado al diseño y a la propaganda. Los artistas y escritores experimentaban con diferentes diseños de página y tipografías en su búsqueda de renovar el lenguaje y cambiar la manera de comunicación entre los hombres.

¿Cuándo un libro es un libro?

Pero, ¿Cuándo un libro es un libro? ¿Puede considerarse un libro si es uno sólo o debe implicar el ser múltiple? ¿Y si tiene una sola hoja? ¿Y si está en blanco? ¿Y si no está escrito en hojas? Si tenemos a las letras solas, sin contar con un soporte, ¿será aún un libro el texto que estas constituyan? A lo largo de la historia se registran textos escritos en papiros, en pergaminos, en rollos, en tabletas, en la arena, en el agua, en el cielo, tatuados en la piel, etcétera.

Libros totales

En su cuento La biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges se refiere, por su parte, a una biblioteca imaginaria que compendiaría no sólo todo lo escrito hasta el momento sino todo lo “escribible” según las posibilidades que el análisis combinatorio le concede a las letras del alfabeto occidental. A partir de la referencia a una intertextualidad angustiante e infinita, el autor juega con la idea de los laberintos sin salida del lenguaje. La idea de juntar todo el conocimiento humano ya no en una biblioteca sino en un sólo libro puede ser encontrada en la noción de “enciclopedia”.  Hoy en día, con los medios digitales, se suele especular con la idea de un “docuverso”, o documento general conteniendo a todos los documentos digitales enlazados entre sí.

Libros sobre el futuro

I Ching, hacia 1200 aC.

Existen otros libros que, en cambio, dan cuenta del futuro: los libros oraculares. El I ChingLibro de las Mutaciones, por ejemplo, es un antiguo sistema oracular chino, que se compone de 64 hexagramas o combinaciones binarias de seis líneas (continuas o discontinuas) cada uno. Mediante la manipulación de monedas o varas de milenrama, el lector va formando, en forma aleatoria, diferentes hexagramas que le señalarán determinados capítulos del libro relacionados directamente, a partir de la teoría de las correspondencias, con una particular situación de su contexto existencial.

Por su parte, es sabido que Napoleón Bonaparte basaba muchas de sus decisiones militares en un libro de oráculos egipcio, El Libro del Destino, consistente en un rollo de papiro que había sido encontrado en una de las tumbas del Valle de los Reyes. Puede que muchos de los hechos de que hoy dan cuenta los libros de historia no hubieran sucedido de no ser por la lectura de este texto.

Libros sobre el pasado

Cídoce borbónico, hacia 1560

Hay libros que se encargan de dar cuenta de la historia del mundo. La Biblia, por ejemplo, presenta un texto que abarca desde el comienzo al fin de los tiempos. Desde el Génesis al Apocalipsis, sigue un modelo teleológico de historia que, además, deja ver la idea de un plan divino concebido de antemano (es decir, Dios sería al mundo lo que un Autor, en la edad moderna, era a un libro).Algunos libros nos cuentan acerca de tiempos pasados. Los códices prehispánicos mexicanos, por ejemplo, dan cuenta de la historia, de las ceremonias y fiestas, del sistema de tributos, de la vida y costumbres de civilizaciones pasadas.

Libros lineales y libros cíclicos

Las muy ricas horas del duque de Berry, 1410

La concepción del libro tal como lo conocemos hoy, con sus convenciones de formato y paratexto, corresponde a la edad moderna. Este libro es portable, mercantilizable y coleccionable. Sus tapas lo cierran al mundo, lo separan como entidad aislada. El orden lineal de los textos, por otra parte, determina una particular lectura. En la modernidad, los libros se plasmaban generalmente a partir de un modelo lineal de pensamiento. Pensadores como Marshall McLuhan han señalado la manera en que el orden lineal de lo impreso, atado a una sintaxis lógica causal (que nos brinda un principio, un desarrollo y un final o conclusión), ha determinado la forma causalista, finalista y determinista, mediante la cual Occidente construye el sentido del mundo desde el Renacimiento en adelante. Pero la historia del libro da cuenta también de otras clases de libros. Los libros cíclicos, por ejemplo. Podemos entender a libros religiosos como los Breviarios o a los Libros de Horas como libros cíclicos, destinados a leerse y releerse una y otra vez, a terminarse y volver a empezarse marcando una suerte de eterno retorno de los tiempos.

Libros y libros

¿Qué es un libro? Para los simios de la novela de Aldous Huxley Ape and Essence (1948), los libros encontrados al excavar los escombros a los que una bomba atómica había reducido la Biblioteca del Congreso, luego de la Tercera Guerra Mundial, se presentaban como un “excelente combustible hojaldrado” para poder calentarse durante el invierno. En la Edad Media, el mundo, el cielo y el hombre aparecían como libros escritos por Dios en los que cada objeto, cada planeta, cada ser vivo era concebido como un jeroglífico a ser descifrado. En el siglo XVI, Paracelso decía que la naturaleza es una suma de libros completos y perfectos porque Dios los escribió, fabricó y encuadernó. Para la edad moderna, los libros se constituían como receptáculos dentro de los cuales los textos, pretendidamente inmateriales, se vertían como quien vierte agua dentro de jarrones. Hacia 1960, Derrida revisaba la antigua metáfora judeo-cristiana del “libro del destino”, o del “libro de Dios”, que sostiene que todos los libros no son sino las copias de un texto original perdido, señalando que dicho libro ni existe ni ha existido jamás.