Go y ajedrez: oriente y occidente

A menudo se ha comparado el Go con el ajedrez, conectando al primero con la mentalidad oriental y el segundo con la occidental. El Go, que comienza con el tablero vacío, se focaliza en crear algo de la nada y se esmera en ganar múltiples, simultáneas, pequeñas batallas. En el ajedrez, por el contrario, las fuerzas están ya expuestas frente a frente y predeterminadas. Por otra parte, el Go trata con múltiples piezas anónimas e individualmente no significativas mientras que, en el ajedrez, la jerarquía de las piezas (rey, caballeros, peones), es central y el objetivo final es matar a la pieza más poderosa: el rey. Gilles Deleuze y Felix Guattari comparan Go y ajedrez en su libro Mil mesetas: “Comparemos la máquina de guerra y el aparato del estado a partir de la teoría de los juegos: confrontemos al Go y al ajedrez desde el punto de vista de sus piezas, y de los espacios desplegados en ambos juegos. El ajedrez es un juego de Estado o de corte. Sus piezas están codificadas en sus jerarquías, sus posibilidades de movimiento y sus situaciones. Cada pieza es un sujeto de Estado al que se le arroga un determinado poder. El Go, por el contrario, se constituye a partir de unidades anónimas, colectivas, sin propiedades intrínsecas, sólo situacionales. Las piezas del Go se mueven en nébulas o constelaciones buscando bordear, encerrar, asfixiar al adversario”.

Ajedrez y vanguardias

Hacia 1920, Man Ray diseñó una serie de juegos de ajedrez. Lo propio hizo Marcel Duchamp. En 1924, René Clair filma una partida de ajedrez entre Duchamp y Picabia para su film Entreacto. El caso de Marcel Duchamp es paradigmático debido a que el artista directamente decide abandonar el campo de las artes plásticas para dedicarse a jugar a este juego.. Duchamp se interesaba además por el ocultismo y las ciencias alquímicas y basó igualmente gran parte de su obra en factores como el azar y las correspondencias: “Las piezas de ajedrez son las letras de un alfabeto que moldea el pensamiento y van formando un particular diseño visual sobre el tablero. Este diseño representa, al igual que un poema, la belleza abstracta del pensamiento. He llegado a la conclusión de que, mientras que no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son, en cambio, artistas”, decía Marcel Duchamp.

Ajedrez: Alicia como peón blanco

En Through the looking glass (1871), Lewis Carroll planteó un juego anotado de ajedrez como base de la estructura del libro.  En el prefacio, Carroll nos dice que Alicia figura como un peón blanco aunque no sea consciente de su papel en un principio.  Será recién después de hablar con la Reina Roja y otros personajes-piezas que ella se dará cuenta de la situación. “Es un gran juego de ajedrez el que está siendo jugado –a través de todo el mundo, si es que este es realmente el mundo. Oh! Qué divertido! Cómo quisiera ser uno de ellos! No me importaría ser un  peón con tal de unírmeles! Claro que, por supuesto, me gustaría ser una de las Reinas..”, dice Alicia.

Alicia se ve así convertida en una pieza del juego de Carroll –el autor del texto-, también el del gran juego de ajedrez vivo que se jugaba en las cortes reales en el siglo XV, al que remite el texto, y también, figurativamente, del ajedrez cuyo juego tiene lugar, metafóricamente, en el mundo y del cual todos finalmente somos piezas. Carroll indica igualmente en el Prefacio que Alicia puede ganar la partida en once jugadas y da allí la notación del juego al lector, desafiándolo a tratar de jugar él mismo en el rol de Alicia.

Ajedrez y lenguaje

Ferdinand de Saussure comparaba al juego de la lengua con el juego de ajedrez. En ambos nos encontramos frente a la presencia de un sistema de valores y de operaciones que llevan a cabo modificaciones en la ubicación de las piezas. El valor respectivo de cada pieza depende de su posición en el tablero de la misma forma en que en la lengua cada término tiene un valor por su oposición con todos los otros términos. El sistema nunca es más que momentáneo: varía de posición en posición. Para pasar de una posición a otra, basta mover una sola de las piezas. La movida de cada pieza tendrá repercusión en todo el sistema.

Ajedrez

Se ha sostenido que el ajedrez es una suerte de ordenador medieval o, en todo caso, un modelo mágico del mundo en el cual se enfrentaban dos fuerzas rivales (la de la luz y la oscuridad). El tablero aparece como figura del mundo visible, atravesado por espacios de luz y sombra representados por los casilleros blancos y negros. La superficie refiere a la superficie de la tierra o del cielo. Jacob Burkhardt, por ejemplo, se refería al tablero como a un campo de batalla de las fuerzas cósmicas. Sobre la superficie se da, cada vez que el juego comienza, una diferente combinación del azar, de las posibilidades, se dramatizará allí el esfuerzo por dominar lo irracional del destino sojuzgándolo en una estructura dada previamente por las reglas del juego.