Yoko Ono y las pinturas para realizar

Una de las primeras artistas visuales que comenzó a producir obras específicamente lingüísticas fue Yoko Ono. Su libro Pomelo (1964) es considerado como una de las primeras obras de una artista visual llevadas a cabo en terreno exclusivamente de las palabras. He aquí dos ejemplos:

Pieza para martillar un clavo (1962): Martillar un clavo en el centro de un trozo de vidrio. Enviar cada fragmento a una dirección arbitraria.

Pieza para ver los cielos (1961): Taladrar dos agujeros en un lienzo. Colgarlo donde pueda verse el cielo. Cambiarlo de lugar. Probar las ventanas del frente y las de atrás para ver si los cielos son diferentes.

Word Pieces: el rol de las partituras en el conceptualismo

Para el arte conceptual, el concepto es el aspecto más importante de la obra, al punto de que incluso en ocasiones ni siquiera es necesario llevar a cabo la misma. Los artistas y escritores conceptuales adoptaron muchas veces la estrategia de convertir su obra no en una instancia acabada, no en un  proceso sino, directamente, en un set de instrucciones para llegar a realizarla. Esta noción, que en el terreno de la música es tradicionalmente utilizada a partir de la “partitura”, es adoptada ampliamente por el conceptualismo. Muchos de los artistas ligados al grupo Fluxus comenzaron a escribir Word pieces, entre ellos George Brecht, La Monte Young, Henry Flynt, Dick Higgins, Yoko Ono o Ben Vautier. Las mismas consistían en frases con propuestas de acciones. Las instrucciones (event-scores) de Fluxus eran consideradas obras por sí mismas, independientemente de si eran llevadas o no a cabo. Las acciones propuestas buscaban centrar la atención sobre hechos banales de la vida cotidiana, de la misma manera en que Duchamp pretendía detener la atención en un bjeto cotidiano mediante sus ready-mades.